El país de nunca jamás

El país de nunca jamás

Antoni Abad
Durante los 14 años que la economía española estuvo en crecimiento, algunos -entre ellos Cecot, nuestra organización- estuvimos advirtiendo que la evolución positiva del producto interior bruto (PIB) se producía sobre unos fundamentos poco sólidos.

02/03/10 Antoni Abad


Dos ejemplos paradigmáticos: el PIB crecía mientras la productividad bajaba, a la vez que el fracaso escolar subía a extremos de llevar a España a encabezar la lista mundial entre los países desarrollados. Pero resulta evidente que el presente y el futuro se basan en tecnología, innovación, conocimiento y productividad. Si a todo ello añadimos que el éxtasis del éxito económico ha borrado la base de valores y actitudes (estudio, esfuerzo, trabajo, sacrificio, confianza, positivismo...), España tiene un panorama ciertamente preocupante.
 
El año 2009 terminó con las grandes economías fuera de la recesión. España, no. Si durante la época de bonanza no se fue inteligente para abordar los cambios y transformaciones que algunos pedíamos, uno imaginaba que en la presente situación, en la cola de la recuperación, del paro, del absentismo y de las actitudes, los cambios estructurales se abordarían, casi sin mérito, con urgencia y bien hechos. Pero como apuntan las instituciones, los gobiernos y la prensa internacionales, se mantiene el espectáculo de Spain is different....
 
¿Para cuándo las transformaciones para refundar las bases de la competitividad? Me refiero a los ámbitos de educación, marco laboral, competitividad (productividad, financiación, energías e infraestructuras) y modernización de la función pública. Adicionalmente, el espacio "mental" de los valores y las actitudes de superación y responsabilidad.
 
España es el país de nunca jamás. No hay conciencia colectiva de la situación ni se envían los mensajes adecuados. El déficit de liderazgo, de compromiso y de gobernanza democrática explica parte de esta situación. La política es paternalista e intervensionista y traslada a la población una visión mágica e irreal del camino de salida de la crisis. Ni tan siquiera se preocupa en aplicar las mejores prácticas de los países que van por delante. El inmovilismo legislativo y mental todavía campa a sus anchas, envuelto en demagogia y mentiras, para vergüenza colectiva.
 
Los datos son demoledores. El estudio Doing Business del Banco Mundial sitúa a España, para hacer negocios, en la posición mundial número 62, 11 más atrás que el año 2009. Esta alarmante tendencia de retroceso se produce porque los demás países hacen cambios y mejoras en permanente evolución. España no reacciona y simplemente retrocede porque los demás avanzan.
 
La pregunta trascendente es: o cambiamos el país, o ¡cambiamos de país! Aunque en Cecot sabemos que estos deseos de evolución sólo serán posibles si la sociedad y sus representantes asumen que la mente, como el paracaídas, sólo tiene valor si está abierta.