La competencia desleal nos preocupa mucho

La competencia desleal nos preocupa mucho

L'entrevista

Joesp Maria Carné, presidente del Gremi de flequers i pastissers de Terrassa y c

"Con la crisis no se busca la calidad sino lo más barato, pero no nos parece lógico que una tienda venda al mismo tiempo latas, verduras, papel higiénico y pan"

04/03/13 · Josep Maria Carné, president del Gremi de flequers i pastissers de Terrassa i comarca


Josep Maria Carné encabeza a los panaderos y los pasteleros de Terrassa y su comarca. Un sector que es renueva, pero que sigue sufriendo la competencia desleal y la guerra del pan.

Al entrar en cualquier establecimien­to del gremio que usted preside, la im­presión es que la linea iniciada con el gran cambio que experimentaron años atrás las panaderías, en que pasaron a ofrecer tipos muy variados de pan, una decoración atractiva e incluso espacios para tomar café, se sigue mantenien­do en la actualidad.
En efecto, nuestros establecimientos se han basado en una labor de con­versión que hoy se mantiene. La cali­dad del producto y la fidelización de los clientes son nuestras señas de identidad esenciales. Porque en cuan­to a precios no podemos competir contra las grandes infraestructuras que fabrican pan con un coste más re­ducido.


¿Qué es io que más les preocupa en su actividad económica?
Nuestra preocupación fundamental es la competencia desleal. Este pro­blema se ha multiplicado por tres con la crisis, y las administraciones no se mueven con rapidez para aplicar las leyes y así contribuir a que no prolife-re la venta ilegal de nuestro producto. Mire, si un panadero decide hacer la competencia a otro panadero lo hará siempre con productos de calidad. Y no pasa nada, porque la competencia sana es positiva y tiene como conse­cuencia que tú debes espabilarte y es­pecializarte más en tu trabajo. Pero con la crisis actual, por norma gene­ral, no se busca ía calidad sino lo más barato, y en este contexto el pan se ha convertido en reclamo de muchos es­tablecimientos para tener clientes y luego venderles otros productos. Sin embargo, no nos parece lógico que, por ejemplo, una frutería venda pan; que un bar aprovechando que sirve bocadillos ofrezca también pan; o que una tienda de barrio de las que suelen permanecer abiertas la mayor parte del día pueda vender al mismo tiem­po verduras, latas, frutas, papel higié­nico, lejía y pan.

¿Cómo viven ustedes esta situación?
Pues, jugando en inferioridad de con­diciones porque debemos cumplir de manera estricta una serie de leyes en relación a la venta del pan, como la forma de servirlo, la Seguridad Social, la sanidad y los riesgos laborales. En cambio, en los establecimientos en los que hay de todo un poco, o sea, un 'tó-tum revolútum', no se observa que se respeten las normas relativas al servi­cio de pan en la misma medida que nosotros.

Parece, por lo que dice, que es muy di­fícil parar la competencia ilegal.
No nos inquieta la competencia pro­fesional, al contrario. Cuando a tu lado abre un homo, en lo que piensas es en hacerlo mejor que é!. El problema del panadero de toda la vida es, en defi­nitiva, la proliferación de aquellas ac­tuaciones que no respetan la legalidad como es debido, y también que no hay voluntad política suficiente para re­solver esta situación.

No obstante, la denominada guerra del pan no es algo nuevo; ni tampoco lo es que los supermercados, las gasoline­ras y determinadas tiendas de barrio vendan pan.
Sí, pero el problema es que en este país, que es el que más leyes promul­ga, las normativas no se cumplen. Esta es la impresión que tenemos. Ya sea porque se acerquen unas elecciones o por una determinada coyuntura po­lítica, lo cierto es que no nos sentimos protegidos porque en el marco de nuestra actividad cuesta mucho apli­car la ley a determinados estableci­mientos que no observan aquello que se establece en la normativa. Siempre hemos demostrado a las distintas ad­ministraciones ganas de colaborar, porque no creemos que nuestro sec­tor sea un coto cerrado reservado solo a los profesionales de toda la vida. Pero los resultados contra la compe­tencia desleal son más bien lentos y poco satisfactorios. El mercado y el precio son libres; siempre, claro está, que una actividad económica se aj us­té a lo que dicte la ley. Y nos sentimos indefensos. Por ejemplo, un momen­to muy complicado fue cuando sur­gió la posibilidad legal de que un su­permercado de menos de 250 metros cuadrados pueda establecerse en el interior de las ciudades.

¿Qué sucedió?
Bueno, acuérdese de que antes, cuando proliferaron los centros comercia­les en las zonas exteriores de las ciu­dades, las familias acudían a ellos una vez por semana para hacer una gran compra para los próximos siete días. Pero a partir de que establecimientos de este tipo han recibido la licencia para abrir en los barrios, la competen­cia se ha intensificado en todos los ele­mentos de la alimentación, incluido el pan. Esto ha contribuido a compli­car todavía más las cosas. Así, la ven­ta del pan se ha visto afectada en rela­ción a la competencia entre las gran­des superficies y ¡a guerra de precios. Como he comentado antes, es un pro­ducto que estos grandes estableci­mientos utilizan como reclamo por­que el pan es de consumo diario y ayuda a estos comercios a atraer a sus clientes y vender otros artículos. El pan es una herramienta para lograr este objetivo comercial. Y luego está el problema del envasado...

La manipulación del producto es un asunto muy importante, ¿no?
Por supuesto. En algunas tiendas de conveniencia el pan lo venden sin guantes. Y en otros lugares es el clien­te mismo quien puede cogerlo, pero si no es de su agrado después de to­carlo lo dejará tal cual lo ha encontra­do, y luego lo tocará otro cliente, has­ta que un tercero lo compre y sin que el establecimiento en cuestión adop­te medidas sanitarias al respecto. Fí­jese que el pan es el único alimento cotidiano que no se lava antes de co­merse, y va directamente a la boca. Es un problema sanitario que va más allá de la guerra del pan. Y este es uno de los puntos donde más incide el Gre-mi de Flequers i Pastissers de Terras-sa i Comarca en su denuncia de la competencia desleal cuando detecta­mos actuaciones que no se producen con arreglo a lo establecido.

La ley ha de ser igual para todos.
Sí, aunque nuestra impresión es que a los profesionales especializados la administración exige una larga serie de requisitos legales para fabricar el pan, pero que luego esa exigencia no es la misma a la hora de venderlo. Por ejemplo, siempre ha habido mucha polémica en torno a la manera de en­volver el pan. El pan es un ser vivo que cuando está cocido es como una es­ponja que lo absorbe todo: ponerlo en una bolsa de plástico es como 'asesi­narlo'. Para evitarlo hay varios siste­mas, como los papeles microperfora-dos, pero siempre precintados para que el consumidor no pueda tocar el pan y si no es de su agrado, dejarlo donde estaba. De lo que se trata, pues, es de que quien compra una barra de pan empaquetada, que no se puede manipular, tenga la misma sensación que cuando compra una botella de agua: que es la primera persona que la adquiere. Resulta paradójico que el consumidor no acepte una botella de agua que ya ha sido abierta, pero en cambio sí coja una barra que hayan podido tocar antes otras personas.

¿Quédetermina la normativa respec­to al envasado?
El decreto de marzo de 1984 sobre el envasado de los alimentos especifica que el pan sin envasar ha de perma­necer fuera del alcance del público y no puede estar en las cajas de los au­toservicios. Pero nosotros, en los hor­nos de pan, lo elaboramos y lo vende­mos en el mismo establecimiento. Vender pan lo hacen muchos, pero quienes lo elaboran son bien pocos.


FORMACIÓN CONSTANTE
Durante la entrevista a Josep María Carnéparticiparon en la conversación otros dos miem­bros del Gremi de Flequers i Pas-tissersdeTerrassa i Comarca. Se trata del vicepresidente de la en­tidad, Antoni Aribau, y del miembro de la Comissióde For-ners i Pastissers de la Terra, Ma­rio Monzó. Ambos realizaron valiosas aportaciones e insistie­ron en que este gremio "ofrece servicio y formación constan­te", a la par que destacaron que los profesionales agremiados brindan cada día "un buen ser­vicio, un buen producto, inno­vación y una especialización en tanto que fórmulas para com­batir la competencia desleal y la crisis. En definitiva, somos empresas de servicios basadas en la calidad". Pero la recesión marca también a este sector, donde han crecido la compe­tencia, sobre todo la que no es legal,y la oferta de productos más baratos. "Hace tres años que mantenemos los mismos precios", aseguran. "Dadas las circunstancias, es muy difícil subirlos, e incluso luchamos por no rebajarlos", explican Carné, Aribau y Monzó.

Texto: Jordi Estapé
Fuente: Diari de Terrassa