Editorial

Dejando la crisis atrás

Dejando la crisis atrás

Llega el momento de la verdad. Cuando el lector lea este artículo ya se habrá constituido el nuevo gobierno del Estado, que tendrá que hacer frente a una situación especialmente complicada.

09/01/12 Antoni Abad, president de la patronal Cecot

Obviamente, esta crisis ha dejado una cosa clara y es que nuestro modelo económico está obsoleto. Hemos gastado más del que teníamos y esto nos ha mal acostumbrado a todos. Si no queremos acabar como los países rescatados, tenemos que dirigir nuestros esfuerzos hacia otro modelo. Refundar las bases de competitividad.


Ya no es momento de hablar más de crisis si no de tomar decisiones. De los nuevos gobernantes hay que esperar que tomen aquellas medidas necesarias para reactivar nuestra economía. respetando el equilibrio presupuestario, hay que sacudir las prioridades y partidas para dar cabida a los incentivos y estímulos al crecimiento de la economía, especialmente vía innovación e internacionalización, y a las inversiones productivas.


Dejamos mentalmente la crisis atrás!  Reconociendo las dificultades del momento presente y futuro inmediato, ahora ya estamos en un nuevo paradigma. Más riesgo, más implicación, gestión más eficiente, recursos escasos y más caros, agilidad, anticipación y cooperación son las claves para transitar.


Y predispongámonos a convivir. El código interno de cada cual de nosotros pasa por nuestra generosidad en el terreno de nuestras posturas personales. Inspirado en valores y actitudes constructivos y de esfuerzo.


En otro plan, se tendrán que llevar a cabo cambios, de carácter financiero, que pueden ser básicos para dar liquidez inmediata al sistema. Soy partidario del concepto “banco malo”, al que las entidades bancarias pudieran trasladar sus activos tóxicos para mejorar, así, sus balances y de este modo disponer de capital “libre” para aumentar las líneas de financiación que está reclamando el tejido empresarial y los particulares.


En esta línea, haría falta también fomentar una regularización fiscal, basada en el regreso de capitales del extranjero, que nos podría hacer recuperar hasta 50 mil millones de euros. Esta medida se ha puesto en práctica en los países desarrollados de la OCDE con muy buenos resultados. Se trata de aplicar este dinero a finalidades económicamente interesantes, desde la ampliación de capital de las empresas a co-financiar el “banco malo” o nuevas infraestructuras inteligentes.
También querría recordar otros temas estructurales que nos tienen que ayudar a volver a la vía de la competitividad económica.


En primer lugar, no podemos posponer más una verdadera reforma laboral. Pero inicialmente un reducido número de medidas “*trencadores” por prácticas, verdaderas pruebas-piloto, dirigidas a col•lectivos como emprendedores de nuevos negocios, *micro-empresas o auto-emprendedores, serían muy bienvenidas. Una corriente de confianza a la contratación para reducir el paro y la economía sumergida.


En segundo lugar, hay que apostar por el desarrollo de una auténtica política industrial. Ningún país de las dimensiones y de las ambiciones del nuestro puede ser realmente competitivo sin una estructura equilibrada entre el turismo, el comercio, la construcción, el sector primario, el conocimiento, los servicios y la *industria. En Cataluña, la industria y los servicios directamente vinculados a esta, suponen más de la mitad del valor añadido de la economía. Se respira esta conciencia entre los gobiernos y en la opinión pública? Seamos conscientes de que hay que reforzar esta fortaleza.


En tercer lugar, hay que afrontar de una vez la reforma educativa. Nada más estratégico para remontar personas y economía. Se tiene que hacer un cambio real en los principios, volviendo a valorar la cultura del esfuerzo y la apuesta por el talento. En definitiva, volver a apostar por la excelencia.


Y, por último, será necesario una reforma del sistema fiscal en profundidad para fijar la equidad fiscal entre territorios, con el objetivo de buscar un modelo de concierto económico basado en el esfuerzo y aportación de ciudadanos y empresas